Ha llegado el momento, tus manos sudan, tus músculos se estremecen, sientes el frío y calor en la piel, ya no aguantas más, tienes que hacerlo.
Ansioso, comienzas a desprenderte de cada pétalo que te ha protegido del frío este día, luego, casi como involuntariamente miras tu reflejo para despedirte de esa imagen que nunca volverá, esa historia única que te ha hecho quedar particularmente con esos ojos, esa expresión, ese pelo, esa poco atractiva y siempre distinta cara de vacío.
Lentamente caminas hacia tu destino final, ya lo sabes, no hay vuelta atrás. Este es el momento que disfrutas, en el que no importa nada, en el que siempre sabes que vas tarde, pero no importa, los cálidos riachuelos descienden desde tus hombros hasta tus pies, la sensación es inconfundible e inexplicablemente no hostigadora.
Voy tarde, pero no me importa, para mi ha llegado, el momento de ducharme...
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